Y no, no voy a hablar de mis fotos, sino de películas.
Hoy, como muchas otros lunes, he ido al cine. La peli que hemos visto es lo de menos, pero para los que les pique la curiosidad, era la tercera entrega de las aventuras de Jason Bourne.
El caso es que, otra vez, tenemos una película de acción en la que se empeñan en que no veamos absolutamente nada de dicha acción. Travellings borrosos, escenas desenfocadas, tomas cámara en mano con vibraciones a propósito... Un siglo de evolución tecnológica para hacer PEORES tomas.
Realmente no lo entiendo. ¿Es que ya no hay coreografías que se dejen ver o simplemente les mola que todo sea absolutamente confuso? En Salvar al soldado Ryan puede que la cosa tuviese su sentido; Al fin y al cabo querían darle ese toque de reportero de combate que desembarca con las tropas, pero en una pelea entre dos tíos dentro de un despacho... ¿Quién tiembla? ¿El espectador? ¿El cámara va sobre patines con ruedas cuadradas? ¿Tiene Parkinson? ¿Salió la noche anterior?
Llevamos ya diez años aguantando la tontería de esta moda que no tiene nada de interesante y mucho de boberío y de tapar lo que no se puede/quiere hacer bien, y creo que ya vale. Creo que se puede grabar el interrogatorio a un actor sin hacer que el espectador tenga que estar enfocando su nariz constantemente para no perderse.
martes, 21 de agosto de 2007
lunes, 6 de agosto de 2007
El sentido de la vida
Siempre hay un título de película (o de canción) que vienen al uso, es curioso.
Después de un nuevo periplo findesemanero con la orquesta llegamos a los días de entre semana. La vida normal, vaya. Vacaciones y tal. Tiempo libre, ver alguna peli, mandar mensajes, leer, dormir, beber sólo agua, ESCUCHAR música.Sigo teniendo la misma sensación que la semana pasada, o cuando fuera que escribí sobre lo que se supone que es vivir. Alguno diría que tras conseguir un puesto de trabajo fijo debería estar dando botes de alegría, y la verdad es que todo el asunto me deja un poco frio.No voy a negar que me da tranquilidad el saber que tendré un sueldo decente y la seguridad asociada al funcionariado, pero ahí se acaba la cosa. Es decir, todo esto no es más que un fondo, una base sobre la que hay que construir algo. Trabajar para vivir, ¿pero vivir qué?
Me estoy dando cuenta de que llevo 15 años sacando títulos, premios, carrera y oposiciones, preparando el terreno para algo, y resulta que no tengo ni puñetera idea de qué es.
Puede que la inercia de haber hecho lo que se esperaba que hiciera me ha llevado a un sitio en el que no quiero estar. Quizás nunca he tenido claro qué es lo que quiero y la opción de seguir la corriente era la única disponible. Tal vez todavía no he hecho algo que realmente sea lo que quiero hacer, o que no cumplí los sueños que se tienen cuando se es niño.
Lo que sí tengo claro es que cuando me subo a un escenario, o cuando compongo, o cuando interpreto la música de los demás todas esas sensaciones se cambian en otras. La música me llena.
Me pone los pelos de punta escuchar el Stabat Mater de Pergolesi, me da un subidón tremendo tocar un tema de Rosendo a todo volumen, gozo mientras una pieza toma forma en el ordenador y disfruto al verla crecer, al ser capaz de dar forma a la idea que tenía en la cabeza.
En la música no hay ninguna seguridad, y menos a estas alturas, pero cambiaría todo lo que tengo por volver a alguno de esos días hace 15 años y haber tomado algunas decisiones diferentes. Quizás todavía lo haga.
Después de un nuevo periplo findesemanero con la orquesta llegamos a los días de entre semana. La vida normal, vaya. Vacaciones y tal. Tiempo libre, ver alguna peli, mandar mensajes, leer, dormir, beber sólo agua, ESCUCHAR música.Sigo teniendo la misma sensación que la semana pasada, o cuando fuera que escribí sobre lo que se supone que es vivir. Alguno diría que tras conseguir un puesto de trabajo fijo debería estar dando botes de alegría, y la verdad es que todo el asunto me deja un poco frio.No voy a negar que me da tranquilidad el saber que tendré un sueldo decente y la seguridad asociada al funcionariado, pero ahí se acaba la cosa. Es decir, todo esto no es más que un fondo, una base sobre la que hay que construir algo. Trabajar para vivir, ¿pero vivir qué?
Me estoy dando cuenta de que llevo 15 años sacando títulos, premios, carrera y oposiciones, preparando el terreno para algo, y resulta que no tengo ni puñetera idea de qué es.
Puede que la inercia de haber hecho lo que se esperaba que hiciera me ha llevado a un sitio en el que no quiero estar. Quizás nunca he tenido claro qué es lo que quiero y la opción de seguir la corriente era la única disponible. Tal vez todavía no he hecho algo que realmente sea lo que quiero hacer, o que no cumplí los sueños que se tienen cuando se es niño.
Lo que sí tengo claro es que cuando me subo a un escenario, o cuando compongo, o cuando interpreto la música de los demás todas esas sensaciones se cambian en otras. La música me llena.
Me pone los pelos de punta escuchar el Stabat Mater de Pergolesi, me da un subidón tremendo tocar un tema de Rosendo a todo volumen, gozo mientras una pieza toma forma en el ordenador y disfruto al verla crecer, al ser capaz de dar forma a la idea que tenía en la cabeza.
En la música no hay ninguna seguridad, y menos a estas alturas, pero cambiaría todo lo que tengo por volver a alguno de esos días hace 15 años y haber tomado algunas decisiones diferentes. Quizás todavía lo haga.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
