Es curioso, porque cuando estoy trabajando estoy deseando tener vacaciones, pero cuando tengo vacaciones realmente no sé qué hacer (sin gastar dinero).
Me fuí unos días de turismo en moto por la Costa Cantábrica. Estuvo bien, pero se gasta sin medida y no puede durar siempre.
Ahora, después de tocar por ahí el fín de semana, tengo por delante cinco días de aburrimiento absoluto con previsible encierro domiciliario y grandes dosis de dormir a destiempo. Quitando que tenía que renovar el carnet de conducir, cosa que he hecho esta mañana, y que tengo que ir a Tráfico a pagar una multa, algo que haré mañana, mis planes son cero.
Quizás es por eso que tengo un trabajo de verano que me relaciona tanto con la gente y con las fiestas. No creo que pudiera pasar dos meses sin saber qué hacer. Me volvería majara o necesitaría mucho más dinero del que gano.
Lo que está claro es que no podría vivir sin más en ese desasosiego que es tener un día (o una semana) por delante y no saber qué hacer con él.
lunes, 23 de julio de 2007
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1 comentario:
Es lo que me pasa a mi.
No me cojo vacaciones porque no se que hacer con el tiempo que ellas conllevarian. Lo de la pasta tambien esta ahi, pero es algo controlable una vez que encuentras una actividad a la que dedicar el tiempo, o a alguien con quien compartir ese tiempo.
Lo cual nos lleva a tu segunda columna de hoy...
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